Guía
#70 ¿Cómo elegir una herramienta de IA para mi clase sin perderme entre tantas opciones?
En las tiendas de aplicaciones cualquier app puede llamarse educativa, aunque no lo sea. Con los criterios de ISTE (vía Liz Kolb, de la Universidad de Michigan) y de Common Sense Education armé un filtro de cinco pasos: privacidad, evidencia, sesgo, propósito y piloto en pequeño.
Abres el buscador, escribes "IA para maestros" y aparecen doscientas opciones que prometen exactamente lo mismo. ¿Cómo se elige sin dedicar el fin de semana a probar demos? Dos organizaciones que llevan años evaluando tecnología educativa, ISTE y Common Sense, tienen respuestas bastante aterrizadas. Aquí las junto en un filtro de cinco pasos.
Primero, un poco de contexto para dimensionar el problema. Liz Kolb, profesora de la Universidad de Michigan y creadora del Triple E Framework, escribió para ISTE que las escuelas de educación básica en Estados Unidos gastan entre 140 y 450 dólares por estudiante al año en tecnología educativa, y que 87% de los maestros de ese país pasa más de una hora diaria usándola, algunos hasta cinco. Y el dato que a mí me detuvo: en las tiendas de aplicaciones cualquier app puede etiquetarse como «educativa», aunque no lo sea. La etiqueta no te dice nada. Necesitas criterios propios.
Paso uno: privacidad, antes que nada
Kolb cita un informe de 2022 que encontró que casi todas las apps que se usan en las escuelas terminan pasando datos personales de los niños a terceros, y muchas veces ni las familias ni la escuela se enteran. Su recomendación: consultar la base de datos de reseñas de privacidad de Common Sense, con calificaciones por código de color.
Common Sense Education agrega una regla que aplica contigo y con tus alumnos desde el primer clic: nunca escribas datos que identifiquen a alguien, ni los tuyos ni los de tus alumnos, en ninguna herramienta de IA. Y ojo con la edad: casi ninguna de estas herramientas fue pensada para niños y la mayoría pide que el usuario tenga 13 años o más.
Paso dos: ¿hay evidencia detrás?
Pregúntate si la herramienta tiene investigación que la respalde o solo testimonios bonitos en su página. Kolb sugiere consultar Evidence for ESSA, el archivo de la Universidad Johns Hopkins con estudios que cumplen estándares federales de evidencia, y apoyarse en marcos de ciencias del aprendizaje como los 4 Pillars of Learning, una perspectiva basada en evidencia sobre cómo aprenden mejor los estudiantes con medios digitales.
Paso tres: sesgo y representación
Una herramienta que usarán todos tus alumnos debería funcionar para todos. Kolb propone revisar cada app con Kidmap, que examina la representación de la diversidad y los antecedentes de los creadores, y con el marco de diseño discriminatorio de la Dra. Ruha Benjamin. Common Sense lo baja a tierra con dos preguntas: si todos tus alumnos podrían usarla también desde su casa, y si lo que arroja es correcto y libre de prejuicios.
Paso cuatro: ¿para qué la quieres exactamente?
Este paso ahorra dinero y frustraciones. Common Sense Education plantea que la IA generativa luce sobre todo cuando la usas para pensar en voz alta, para arrancar algo desde cero o para exprimir y resumir información, y que flaquea a la hora de investigar o comprobar datos, porque es capaz de inventarse cosas. Si lo que buscas es una enciclopedia, un chatbot a secas es mala elección. Y el criterio pedagógico de fondo, también de Common Sense: lo que mejor funciona son las actividades colaborativas y con el alumno al centro, donde la IA entra porque de verdad aporta algo.
Paso cinco: prueba en chico antes de adoptar en grande
Ya elegiste una. Falta el piloto. Kolb recomienda usar el ED Tech Pilot Framework de Digital Promise antes de implementar a nivel escuela, y fijarse en sellos como el ISTE Seal, que verifica calidad, usabilidad, accesibilidad y privacidad de datos.
¿Suena a mucho trabajo para elegir una app? Puede ser. Pero es menos trabajo que migrar a mitad de ciclo porque la herramienta resultó un colador de datos. Mi versión corta para pegar en la sala de maestros: revisa la privacidad, exige evidencia, busca sesgos, define tu propósito y pilotea en chiquito. Con ese filtro, doscientas opciones se vuelven tres o cuatro. Y de ahí ya se puede decidir con calma.
