Artículo de opinión
#4 ¿Usar IA me convierte en un peor profesor?
Casi la mitad de los docentes en Reino Unido admite sentirse como 'tramposo' al usar IA en el aula, según una encuesta de YouGov para Bett. En paralelo, investigadoras de Harvard advierten que el riesgo no es solo perder habilidades por depender de la IA, sino no llegar a desarrollarlas nunca. El artículo cruza ambos hallazgos para pensar qué significa usar IA sin dejar de sentirse un buen profesor.
¿Te ha pasado que usas una herramienta de IA para preparar una clase y, en el fondo, sientes que hiciste trampa? No eres el único. Casi la mitad de los docentes encuestados en Reino Unido reconoce que teme parecer una 'tramposa' o un 'tramposo' al usar inteligencia artificial en el salón. Y otro 44% dice sentir que no está haciendo bien su trabajo cuando recurre a la IA para tareas centrales de la enseñanza.
Esos números vienen de una encuesta de YouGov encargada para Bett, la feria de tecnología educativa, que en 2025 preguntó a 1.023 docentes cómo usan estas herramientas en su día a día. Lo cuenta Tes Magazine. Me parece un dato revelador: no estamos hablando de resistencia a la tecnología, sino de culpa. Docentes que sí usan la IA, pero que cargan con la sensación de estar haciendo algo indebido.
¿De dónde viene esa culpa?
Parte de la respuesta está en la brecha de conocimiento. Una porción importante de los docentes encuestados admitió sentirse intimidada por el manejo de IA que tienen sus propios estudiantes, y una cuarta parte dijo que le preocupa esa distancia creciente entre lo que saben ellos y lo que saben sus alumnos.
Es decir: el profesor no solo teme usar mal la herramienta. Teme que el alumno note que la usa peor que él. Ahí ya no hablamos solo de ética del uso. Hablamos de autoridad frente al grupo.
Y hay otro dato que ayuda a entender el cuadro completo: casi la mitad de estos docentes reportó no haber recibido ningún apoyo de su escuela para aprender a usar IA. Nadie les enseñó, pero se espera que la usen bien. Difícil no sentirse un poco a la deriva en ese escenario.
La buena noticia, si se puede llamar así, es que entre quienes sí la usan, buena parte reportó sentirse menos estresada gracias a la tecnología, e incluso un grupo considerable dijo sentirse empoderado. No es un panorama de puro miedo. Es más bien una mezcla incómoda entre alivio y sospecha de estar haciendo trampa.
El riesgo no es solo tuyo, dicen desde Harvard
Ahora, cambiemos de ángulo. Un conversatorio organizado por Harvard Education Press en 2026 reunió a dos autoras que llevan tiempo pensando este problema desde otro lugar: no el miedo del docente a usar IA, sino qué pasa cuando el uso se vuelve automático y sin preguntas.
Stephanie Smith Budhai, de la Universidad de Delaware, y Marie Heath, de Loyola University Maryland, coautoras de "Critical AI in K–12 Classrooms", plantearon una distinción que me parece más útil que la simple pregunta de "¿soy peor profesor por usar IA?". Hablaron de dos fenómenos distintos.
Uno es el "deskilling": perder una habilidad que ya tenías, porque dejaste de practicarla. El otro, más inquietante según ellas, es el "never-skilling": nunca haber desarrollado esa habilidad porque desde el principio delegaste la tarea en la máquina. Budhai lo resume con un ejemplo simple: los estudiantes no saben escribir una oración temática porque se la piden directamente a la IA.
Trasladado a la pregunta del título: usar IA no te vuelve automáticamente peor profesor. Pero sí puede volverte un profesor que nunca construyó ciertas rutinas de enseñanza, si delega desde el día uno sin pasar primero por el proceso manual.
¿Y los sesgos, qué?
Hay otro hallazgo de esa misma conversación que me parece que merece espacio propio. Las investigadoras encontraron que, al pedirle a la IA recomendaciones de libros para estudiantes negros y blancos de secundaria, las listas y hasta la retroalimentación traían sesgos implícitos: los libros sugeridos para estudiantes negros trataban desproporcionadamente temas de crimen y pobreza.
Heath encontró algo parecido revisando cómo la IA da retroalimentación sobre trabajos escritos. Cuando el sistema percibe que el estudiante viene de una clase socioeconómica más alta o es blanco, el tono de la respuesta es conversacional, casi sugerente; cuando percibe lo contrario, el tono se vuelve directo y autoritario.
Eso no es un defecto menor de una app. Es un espejo de sesgos sociales que la herramienta reproduce sin que nadie se lo pida, y que un docente puede pasar por alto si no revisa con ojo crítico lo que la máquina le entrega.
Entonces, ¿usar IA te hace peor profesor?
Ni Harvard ni Tes responden con un sí o un no. Lo que sí dejan es una pista: la pregunta correcta no es "¿la uso o no?", sino "¿para qué la estoy usando, y qué le pasa a mi clase con eso?".
Budhai propone lo que ella llama "uso propositivo de la tecnología": preguntarse, cada vez que se introduce una herramienta, si eso realmente ayuda a cumplir el objetivo de aprendizaje. Si la respuesta es no, la pregunta que sigue es simple: ¿para qué la estoy usando entonces?
Algunas ideas concretas que se desprenden de ambas fuentes:
- Antes de pedirle algo a la IA para tu clase, pregúntate si esa tarea es algo que tus alumnos deberían practicar sin ayuda primero.
- Si usas IA para dar retroalimentación, revisa el tono y el contenido según el estudiante. Los sesgos no avisan.
- Habla con tus colegas y directivos sobre la falta de capacitación. No es un problema individual: es estructural, según lo que refleja la propia encuesta de Bett.
- Permítete usar la herramienta sin culpa cuando de verdad te ahorra tiempo en tareas administrativas, pero mantén la sospecha activa cuando se trata de enseñar una habilidad nueva.
Me pregunto si la culpa que reportan los docentes en la encuesta de Tes no es, en el fondo, una señal sana. Sospecho que preferimos un profesor que duda a uno que usa la IA sin hacerse ninguna pregunta.
¿Tú en qué momentos sientes que la IA te ayuda a enseñar mejor, y en cuáles sientes que te está quitando algo del oficio?
