Guía
#25 Ya lo expliqué de tres maneras y este alumno sigue sin entenderlo, ¿qué más puedo intentar?
Volver a explicar no significa decir lo mismo más despacio. La investigación sobre reteaching, apunta a algo más sencillo: primero diagnostica qué es exactamente lo que el alumno no entiende, después cambia de enfoque y finalmente vuelve a enseñar en pasos pequeños. Antes de explicar una cuarta vez, detente, descubre dónde está el problema y elige una estrategia diferente.
Tres explicaciones y nada.
Antes de intentar una cuarta, haz una pausa. Puede que el problema no sea que necesite más explicaciones, sino que las tres que ya recibió se parecen demasiado entre sí.
Esto tiene nombre y tiene historia: reteaching, o volver a enseñar. Robert Marzano, investigador educativo estadounidense y director del laboratorio de investigación que lleva su nombre, escribió sobre este tema en la revista Educational Leadership de ASCD desde 2010.
La idea central responde directamente a nuestra pregunta: para que la re-enseñanza funcione, «los docentes deben usar un enfoque diferente del que usaron inicialmente». Hay que partir de lo que ya se intentó, pero enfocarse en las omisiones y los errores concretos del alumno.
Paso uno: averigua qué es lo que el alumno no entiende
Marzano insiste en que el reteaching va siempre acompañado de una evaluación que permita identificar las ideas equivocadas del estudiante. Porque decir “no lo entiende” no es realmente un diagnóstico.
¿No entiende el concepto? ¿No sabe aplicar el procedimiento? ¿O hay un conocimiento anterior que dábamos por aprendido y que en realidad falta?
Para encontrar ese hueco no necesitas necesariamente otro examen. Jay McTighe publicó en Edutopia ocho formas rápidas de comprobar la comprensión que funcionan en cualquier grado y materia.
Tres que pueden servirte especialmente en este caso:
- Pídele que dibuje el concepto. Puede ser un mapa conceptual u otro organizador gráfico. Así puedes ver dónde se rompe su comprensión.
- Dale un ejercicio con un error. Pídele que encuentre qué está mal y que explique cómo lo corregiría.
- Pídele que se lo enseñe a un compañero. Cuando un alumno tiene que explicar algo con sus propias palabras, rápidamente aparecen los huecos que una respuesta correcta puede esconder.
Paso dos: cambia el enfoque, no el volumen
Una vez que sabes qué está fallando, ahora sí puedes elegir una ruta diferente a “explicarlo otra vez”. Marzano propone varias posibilidades:
Divide el contenido El «chunking» consiste en presentar el contenido en pequeños incrementos que el alumno pueda procesar. Si tu explicación duraba diez minutos, quizá el problema no era la explicación completa, sino que el alumno se perdió en el tercer paso y nunca pudo llegar al cuarto.
Crea una estación de aprendizaje. Marzano describe centros o estaciones de aprendizaje a ritmo propio](https://www.ascd.org/el/articles/reviving-reteaching), donde el alumno puede repasar y practicar sin la presión de tener a todo el grupo observándolo.
Involucra a sus compañeros. Según Marzano, ayudar a otro estudiante también puede profundizar el conocimiento del alumno que ayuda.A veces un compañero encuentra una analogía o una forma de explicar algo que a nosotros se nos escapó. Y los dos pueden salir ganando.
Tyler Rablin, docente con más de una década frente a grupo, llevó estas ideas a la práctica en Edutopia en 2025. Su estructura favorita son las sesiones de grupo pequeño, donde comienza con una mini-lección de re-enseñanza que dura entre cinco y diez minutos, y termina con un formato alternativo de evaluar la comprensión; en sus clases de 63 minutos, tres sesiones de 15 minutos le funcionaban bien. También pone en práctica actividades de entrada de 15 minutos al inicio de la clase para trabajar las confusiones que una lección pudo haber causado. Para hacerlo más sostenible, prepara carpetas de recursos para los conceptos problemáticos que suelen generar problemas y armaba en unos 30 minutos.
Lo que me llevo
Aquí hay dos ideas que vale la pena quedarse. La primera: Marzano señala que buena parte de los efectos positivos que la literatura le atribuye a la evaluación formativa tiene detrás, precisamente, procesos de re-enseñanza. McTighe completa la idea desde el otro lado: un chequeo rápido solo sirve si después actúas sobre lo que descubriste, re-enseñando y corrigiendo los conceptos erróneos. La segunda es un consuelo. Rablin cuenta que durante su formación inicial recibió literalmente medio curso sobre prácticas de evaluación. Así que si alguna vez has sentido que nadie te enseñó realmente a hacer esto, puede que tengas razón. Muchas de estas estrategias se aprenden sobre la marcha, en el salón y con los alumnos que tienes enfrente.
Así que con ese alumno, donde una explicación no es suficiente, antes de darle una cuarta explicación, hazle un chequeo de dos minutos. Pídele que dibuje el concepto o que encuentre el error en un ejercicio resuelto.Después, deja que lo que descubras te diga qué hacer. Porque quizá la cuarta explicación que estabas buscando no era otra explicación. Era un mejor diagnóstico.
