Guía
#2 ¿Qué cosas nunca podrá hacer una IA dentro del aula?
A partir de reportes de UNESCO, el Center for Assessment (NCIEA) y Education Week, este artículo repasa qué funciones de la docencia —vínculo, confianza, juicio pedagógico— siguen fuera del alcance de la inteligencia artificial, y qué riesgos concretos aparecen cuando se le pide a la IA que ocupe ese lugar. Cierra con ideas prácticas para que los docentes protejan esa parte humana del aula sin resignar las ventajas de la tecnología.
¿Puede una IA reemplazar lo que pasa entre un profesor y un alumno cuando este le cuenta que le está costando seguir el ritmo de la clase? Circula bastante la idea de que la inteligencia artificial va a terminar ocupando el lugar del docente, al menos en parte. Pero cuando uno mira los reportes recientes sobre el tema, aparece un patrón que se repite: hay cosas que la tecnología puede acelerar, y hay otras que directamente no toca.
Voy a ordenar la respuesta en tres bloques, según lo que documentan tres fuentes distintas: un análisis de UNESCO, uno del Center for Assessment (NCIEA) y un reporte de Education Week sobre encuestas a docentes y estudiantes.
No puede construir confianza ni vínculo real
UNESCO lanzó una campaña global con un nombre bastante directo: "Teachers cannot be coded" (los docentes no se pueden programar). La campaña surge en medio de una doble tensión: por un lado, la organización calcula que hacen falta 44 millones más de docentes de primaria y secundaria para 2030 si se quieren cumplir las metas educativas globales; por otro, la irrupción de la IA obliga a redefinir qué hace insustituible a un profesor.
La respuesta de UNESCO no es ambigua: mientras la IA puede apoyar la educación, son los docentes quienes deben seguir en el centro, guiando a los estudiantes con empatía, creatividad y juicio que ninguna máquina puede replicar. Es decir, no se trata solo de que la IA "todavía no sepa" hacer ciertas cosas. Se trata de que hay funciones —como leer el estado emocional de un grupo, o decidir cuándo bajar la exigencia de una tarea porque un chico está pasando un mal momento— que dependen de un tipo de juicio que no es solo procesamiento de información.
Una educadora citada en el reporte, Caroline Aidanu, de la Daraja Secondary School en Kenia, lo resume con una frase que me parece que condensa bastante bien la idea: "Teachers cannot be coded because they bring life into the classroom, they can empower students and make them feel seen" (los docentes no se pueden codificar porque le dan vida al aula, empoderan a los estudiantes y hacen que se sientan vistos).
No puede sostener el tipo de relación que hace que un chico quiera aprender
El Center for Assessment (NCIEA) publicó en julio de 2025 un análisis centrado exclusivamente en esto: qué pasa con los vínculos cuando la IA entra al aula. Su punto de partida es una evidencia que ya existía antes de la IA: las relaciones sólidas entre estudiantes y docentes, y entre pares, son centrales para el éxito académico, el desarrollo social y el bienestar emocional. No es un dato menor: buena parte de lo que hace que un chico se quede enganchado con una materia no es el contenido en sí, es sentir que alguien lo ve avanzar.
El texto menciona algo que me parece revelador. Según cuenta el NCIEA, "un CEO dijo recientemente que la IA generativa podría superar a los profesores humanos, pero que las escuelas seguirían existiendo 'porque igual se necesita cuidado infantil'" (traducción propia). El propio análisis marca ese argumento como una forma de subestimar el elemento humano vital del aprendizaje. No es que la escuela sea solamente un lugar donde dejar a los chicos mientras los padres trabajan; es un espacio donde se construye pertenencia.
El NCIEA no dice que la IA sea mala en sí misma. De hecho, enumera varios usos que considera positivos cuando la herramienta se aplica bien: aliviar el papeleo administrativo que le come tiempo al docente, sumar instancias de tutoría que complementan (no reemplazan) la enseñanza en clase, aportar a la formación profesional de los propios profesores, y ayudar a los estudiantes a pensar sus próximos pasos académicos o de carrera. El problema no es la herramienta. El problema es cuando esa herramienta empieza a ocupar el espacio de la interacción humana en lugar de liberar tiempo para ella.
Otro punto que rescato del análisis: cuidado con confundir "estar activo en la pantalla" con estar aprendiendo. En el mundo del ed-tech, cuenta el NCIEA, la palabra "engagement" (involucramiento) suele reducirse a métricas como cuánto tiempo pasó un estudiante conectado a una plataforma o cuántos clics hizo. Pero interactuar con un software es una cosa, y otra muy distinta es sentirse involucrado con lo que se está aprendiendo, con el ambiente del aula y con la gente que acompaña ese proceso.
No puede sustituir la conexión emocional sin generar un costo
Acá es donde entran los números duros, y son bastante contundentes. Education Week reportó en octubre de 2025 los resultados de un estudio del Center for Democracy and Technology, una organización sin fines de lucro enfocada en política tecnológica y derechos civiles. La encuesta —representativa a nivel nacional en Estados Unidos, con docentes de escuelas públicas de grados 6 a 12, padres de estudiantes de grados 6 a 12 y estudiantes de grados 9 a 12, hecha entre junio y agosto de 2025— encontró que el 85% de los docentes y el 86% de los estudiantes usó IA durante el ciclo escolar 2024-25.
Son números altísimos. Pero lo que me parece más relevante para esta pregunta es otro dato: la mitad de los estudiantes encuestados dijo que usar IA en clase los hace sentir menos conectados con sus profesores. Y no es solo percepción de los chicos: el 47% de los docentes y el 50% de los padres también expresaron preocupación por una caída en la conexión entre compañeros a raíz del uso de IA.
Ahí ya no hablamos de una limitación técnica de la IA. Hablamos de un efecto colateral medible cuando se usa mal, o cuando se usa sin acompañamiento.
Hay otro dato de la misma nota que conecta directamente con la idea de "lo que la IA no puede hacer": el 70% de los docentes cree que la IA debilita el pensamiento crítico y las habilidades de investigación de los estudiantes. No es que la herramienta no pueda enseñar a pensar críticamente, bien usada puede ser un disparador de preguntas, es que la mayoría de los usos actuales parecen ir en la dirección contraria: resolver en lugar de razonar.
Y hay un fenómeno que me parece que merece una alerta aparte. Robbie Torney, de Common Sense Media, habló en la misma nota sobre este tema, y el reporte que cita agrega un dato concreto: los usos "académicos" de la IA por parte de los estudiantes —como pedir ayuda para tutoría o consejos de carrera— rápidamente derivan hacia otro terreno: 43% termina pidiendo consejos sobre relaciones y 42% busca contención sobre salud mental, muchas veces usando las mismas herramientas que la escuela les dio para hacer la tarea.
Esto se cruza con lo que documentó Common Sense Media a través de su Youth AI Safety Institute: en una investigación de 2025, encontraron que casi tres de cada cuatro adolescentes ya usaron algún AI companion (un chatbot diseñado para simular una relación humana), y la mitad lo hace de forma regular. Un tercio de esos chicos eligió hablar con la IA en lugar de con una persona real para tratar temas serios. No es exactamente lo mismo que pasa dentro del aula, pero sí explica por qué la frontera entre "herramienta de estudio" y "sustituto emocional" se vuelve tan fácil de cruzar cuando no hay guías claras.
Entonces, ¿qué es lo que la IA no puede hacer?
Junto las tres fuentes y me queda esto, dicho con mis palabras:
Uno. No puede generar el tipo de confianza que hace que un alumno se anime a preguntar algo que no entiende sin miedo a quedar mal. Eso lo construye una persona, con el tiempo, con gestos.
Dos. No puede leer contexto humano completo: no sabe si un chico está distraído porque no durmió, porque algo pasa en su casa, o porque la clase realmente lo aburre. Puede inferir patrones, pero no "sabe" en el sentido en que lo sabe un adulto que lo ve todos los días.
Tres. No puede reemplazar la pertenencia. Ese sentido de "acá me ven, acá importo" que documenta el NCIEA como motor central del aprendizaje.
Algo para hacer en el aula
No hace falta prohibir nada para tomar esto en serio. Algunas ideas concretas, tomando las recomendaciones del propio NCIEA:
- Metete en la conversación sobre qué herramientas se usan y cómo. El NCIEA propone que los educadores no solo estén "en el loop", sino que decidan activamente cómo se organiza el aula alrededor de la IA, en lugar de que la tecnología imponga la dinámica.
- Preguntale a tus alumnos cómo se sienten, no solo qué tan rápido resuelven. Chequeos cortos y frecuentes sobre pertenencia y conexión pueden decir más que cualquier métrica de uso de una plataforma.
- Hablá explícitamente de los límites de la IA como confidente. Si el 42% de los chicos ya le pregunta a un chatbot sobre salud mental, mejor que sepan de entrada qué puede y qué no puede ofrecerles esa herramienta.
- Sumá a las familias a la conversación. Mantenerlas informadas sobre cómo se usa la IA en la escuela genera confianza y da una fuente extra de información sobre cómo la tecnología está afectando a sus hijos fuera del aula.
Me pregunto si dentro de un par de años esta lista se va a ver distinta, o si lo que hoy identificamos como "lo que la IA no puede hacer" simplemente se va a volver más difícil de defender a medida que las herramientas se vuelvan más sofisticadas. Por ahora, lo que dicen los datos es bastante consistente: la parte humana del aula no se resuelve con mejor tecnología. Se sostiene con presencia.
Fuentes
- https://www.unesco.org/en/articles/teachers-cannot-be-coded · 2025-01-01 · en
- https://www.nciea.org/blog/ai-in-schools-preserving-the-human-connection/ · 2025-07-16 · en
- https://www.edweek.org/technology/rising-use-of-ai-in-schools-comes-with-big-downsides-for-students/2025/10 · 2025-10-01 · en
- https://www.commonsensemedia.org/research/talk-trust-and-trade-offs-how-and-why-teens-use-ai-companions · 2025-07-16 · en
